El test de intolerancia a la sacarosa es una prueba diagnóstica no invasiva que analiza la capacidad del intestino para absorber este azúcar, presente de forma natural en frutas, verduras y numerosos productos procesados.
La prueba consiste en la administración de una solución con sacarosa y la recogida de muestras de aire exhalado en intervalos regulares durante aproximadamente 3 horas y media.
Cuando el intestino no absorbe bien la sacarosa por déficit de la enzima sucrasa-isomaltasa, llega al colon sin digerir, donde es fermentada por bacterias, produciendo gases como hidrógeno o metano. Estos gases pasan a la sangre y se eliminan por vía pulmonar, lo que permite detectarlos en el aliento.
Este análisis ayuda a diagnosticar la intolerancia primaria o secundaria a la sacarosa, facilitando un abordaje dietético y clínico más eficaz.